“Las personas tienen muchas menos posibilidades de elección sobre su peso de lo que parece”

Inadaptación, incomodidad, rechazo y el estrés ocasionado por ello son sentimientos de una persona con obesidad a la que el mundo presiona desde dos extremos opuestos: La presión por el cuerpo ideal que roza la delgadez extrema coexiste con estilos de vida y alimentación que solo favorecen el incremento de peso. 

 

La obesidad es el problema nutricional más frecuente en el mundo occidental, siendo por lo tanto un punto de interés muy importante para la Salud Pública.

 

La percepción social negativa de la obesidad, aunque generalmente no se reconoce como una enfermedad, conduce a unas consecuencias realmente terribles cuando la sociedad te considera “demasiado gordo”. La discriminación empieza desde la infancia y puede resultar en serios problemas emocionales. 

 

Si bien es cierto que no debemos quitarle importancia al papel de la persona para reducir su peso corporal, es necesario dejar de ver al sujeto con obesidad como el culpable exclusivo de su situación. Porque tal y como dijo la revista Lancet en 2011 “el incremento de la obesidad es una respuesta normal, de personas normales a un ambiente anormal”. La actual epidemia de obesidad no es realmente debida a la pereza o a comer en exceso, sino que nuestra biología no está de acuerdo con el entorno”.

 

La obesidad es un tema importante que intentar solucionar a nivel epidemiológico, ya que no hay ningún país que haya logrado disminuir las tasas de obesidad hasta el momento, es más, siguen incrementando en la mayoría de países desarrollados y en vías de desarrollo. Hay un gran número de enfermedades relacionadas con la obesidad, que conllevan a unas implicaciones muy importantes desde el punto de vista de sanidad pública y también desde el punto de vista individual, a nivel fisiológico.

 

Solamente haciendo esta pequeña revisión ya podemos llegar a una conclusión (publicada en la revista JAMA en 2016), por primera vez en la historia, los niños de hoy van a tener vidas más cortas y menos sanas que sus padres a causa de la pandemia de la obesidad. A causa de la obesidad la esperanza de vida se está reduciendo.

 

El aumento de la obesidad en los últimos años se puede explicar por el cambio en el ambiente, ya que desde los años 70 hasta la actualidad nuestro genoma sigue intacto. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 1940 y el 1980, la prevalencia mundial de obesidad se ha casi duplicado, llegando al punto en el que ya se asocia más mortalidad al exceso de peso corporal que al bajo peso corporal en el mundo. Esta obesidad se asocia a comorbilidades como hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

 

En todo el planeta, en 2014, el 39% de las personas adultas tenían sobrepeso y el 13% eran obesas mientras que a su vez 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos.

 

La explicación de este aumento del sobrepeso y la obesidad viene por un cambio muy drástico en el ritmo de vida y la amplia accesibilidad de alimentos con la que gozamos en este momento. Ha aumentado el consumo de colesterol, grasa saturada y trans, proteína de origen animal, azúcares simples y carbohidratos de absorción rápida. Además de la aparición de alimentos precocinados y la existencia de alimentos económicos para picar entre horas cargados de grasa, sal y azúcar.

 

A eso se le ha unido la disminución de consumo de proteína de origen vegetal y carbohidratos de absorción lenta mientras que el ritmo de vida y las jornadas laborales también están obligando a la población a disminuir la actividad física.

 

Son necesarias decisiones políticas en agricultura, urbanismo y transporte, una monitorización constante en centros especiales de investigación, transparencia absoluta en el etiquetaje de alimentos, el uso de personal formado para la prevención de la obesidad como el colectivo de nutricionistas, entre otras muchas iniciativas que deberían cobrar importancia para parar esta pandemia mundial que está disminuyendo la calidad de vida de millones de personas alrededor del mundo.

 

Por ahora, la situación es tan insostenible que lo único que se ha propuesto la OMS para 2025 es detener el aumento de la prevalencia de la obesidad, ni siquiera disminuirlo. Ya que según la revista Lancet existen importantes barreras para progresar, como lo es el lobby de la industria, la poca habilidad o voluntad política de los gobiernos y la ausencia de presión de la sociedad civil demandando acción política.

¿Por qué no puedo controlar lo que como?

Si aún no hallaste respuesta a esta pregunta, estás ignorando un problema de base que hasta no resolverse te dificultará alcanzar y mantener tu peso saludable: La ingesta descontrolada tiene un fuerte componente emocional

 

¿Qué relación tiene la comida con las emociones? 

 

A lo largo de la vida identificamos a la comida con diferentes estados emocionales:

  • Cuando niños, la alimentación procede de las personas que nos cuidan.De esta manera el alimento es protección, uno de los estados que más buscamos los humanos.
  • Mientras crecemos y en los diferentes grupos de que participamos, las celebraciones y momentos de conexión con otras personas están asociadas a alimentos y bebidas. 
  • Usamos alimentos como muestra de afecto cuando regalamos chocolates, dulces o invitamos a alguien especial a comer. 
  • Los alimentos que nos gustan suelen ser premios cuando nos portamos bien en la infancia y retirados cuando nos portamos mal.

Como ves, tenemos numerosas experiencias de gratificación asociadas a la comida. Ella nos remite al cuidado, el afecto, la conexión y la protección.  

 

Los alimentos estimulan a nuestro cerebro

Más allá de lo anterior, algunos alimentos poseen compuestos que activan determinados circuitos neuronales que producen sensación de recompensa, placer y bienestar. Estos alimentos nos hacen desearlos. Un ejemplo de ello puede ser el chocolate, que contiene triptófano y feniletilamina y nos produce sensación de bienestar. 

Al mismo tiempo el cerebro nos invita a repudiar sabores y aromas putrefactos a razón de una función adaptativa. 

Cuando las emociones nos devoran

En principio se puede decir que la alimentación emocional es algo habitual, propio de nuestra cultura y no necesariamente negativo. 

El problema empieza cuando la comida se usa como principal y hasta único modo de gestión emocional. Por ejemplo: una persona puede compartir una copa de vino con su familia en una cena especial o, puede tomar una botella de vino cada vez que se siente aburrido o ansioso buscando a través de la sustancia calmar ese estado emocional que no puede gestionar por sí mismo. Lo primero es una decisión mientras que lo segundo una conducta adictiva. Lo mismo ocurre con la comida. 

La ansiedad, en general, suele aparecer como un síntoma de que algo peligroso puede suceder, se trata de una señal de alerta, de anticipación ante la situación que hay que afrontar. Es natural y tiene una función adaptativa, que nos prepara para la acción.

Pero en ocasiones la ansiedad puede volverse patológica, aparecer en situaciones que no son racionalmente peligrosas y adquirir unas dimensiones que somos incapaces de gestionar. Frente a esto algunas personas encuentran la “vía de escape” a través de la comida, llegando incluso a ingerir sin control o a desarrollar otras conductas alimentarias que resulten de riesgo para su salud. 

La comida se convierte en una válvula de escape, para liberarnos de esa sensación momentánea que nos desborda, pero que conlleva complicaciones a medio y largo plazo tanto a nivel físico como psicológico.

Esto da cuenta de lo fundamental de revisar nuestras emociones a la hora de combatir la obesidad pues si no se resuelven estos patrones ni se desarrollan mecanismos de gestión emocional saludables, todos las mejoras en la disminución de peso correrán el riesgo de perderse.

 

Es necesario resolver los síntomas pero más aún combatir las bases del problema.

 

¿Cómo evitar que la ansiedad por comer te controle?

  • Reconocer que la comida está siendo un escape. Que hay un problema de gestión emocional y tal vez necesites ayuda para resolverlo. 
  • Escuchar al cuerpo para reconocer si cuando deseas comer tenés hambre o solo necesidad de sobrellevar emociones.

Cuando sentís esa enorme necesidad de comer preguntate: “Si me como una manzana ¿Se pasará esta sensación?” Si la respuesta es “no”, es ansiedad.

 

¿Cuándo es hambre?

 

Hambre Hambre emocional
Es una respuesta fisiológica del cuerpo para cubrir sus necesidades energéticas. Se activa por un estímulo interno o externo que produce determinada emoción en la persona.
Aparece gradualmente en función del nivel de reservas energéticas que tenga el cuerpo. Suele aparecer de golpe, incluso después de haber comido y sintiéndonos satisfechos.
Se siente saciedad luego de comer lo necesario. Cuesta definir el sentimiento de saciedad.
La sensación se experimenta en el estómago. Pueden ser experimentadas sensaciones en otras partes del cuerpo.

 

Una vez identificado el problema de base (la dificultad para gestionar las emociones), no podemos simplemente dejar de usar el mecanismo que usamos toda la vida para taparlo (comer) sin antes ir desarrollando nuevos patrones que nos permitan corregir poco a poco nuestras conductas.

Es esencial trabajar en la gestión emocional, conocernos y aprender a canalizar situaciones emocionalmente fuertes de manera saludable.

¿Necesitás ayuda? Contactanos.

La primera generación que vivirá más que sus hijos

En 1980, 1 de cada 10 personas tenía sobrepeso. Hoy 2 de cada 3.

En el mundo hay 600 millones de niños con más peso que el saludable y mueren cerca de 2.800.000 personas al año por obesidad y enfermedades asociadas.

En Argentina, 6 de cada 10 personas tienen exceso de peso y dado que los cambios necesarios no parecen suceder, se puede proyectar que para 2040, más del 80% de la población viva en esta situación..

Es el fenómeno de salud que nos está llevando a ser la primera generación que vivirá más que sus hijos y aun así el más ignorado. 

Subestimada por las personas que la padecen y los gobiernos, la obesidad se convirtió en epidemia.

La obesidad afecta a personas individuales pero sus causas tienen un importante componente social.

 

¿Qué ha pasado en el mundo que nos engorda?

Dos son los factores, sin aludir a sus causas profundas, que provocan el exceso de peso: ingerir mucho y gastar poco.

Esta combinación se ve estimulada por el estilo de vida moderno.

 

Comemos más y peor:

La OMS indica que “el cambio dietético mundial está orientado al aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos con abundantes grasas y azúcares, pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes saludables”.

La industria alimentaria ha evolucionado de modo tal que promueve los alimentos que más llaman nuestra atención, que más adictivos son y que más nos engordan: grasa, hidratos y sal.

A esto se suma el marketing. Justamente esos alimentos que llaman nuestra atención están acompañados por colores, volumen, diversión y son de fácil acceso en todos lados.

 

Estamos expuestos a cientos de estímulos publicitarios y esos son los alimentos que conocemos.

Hace 30 años teníamos almacenes y hoy supermercados. La evolución del almacén hacia el  supermercado es significativa mientras que las verdulerías siguen exactamente igual. 

La industria de los alimentos que nos engordan evoluciona y se hace gigante mientras que los alimentos saludables siguen siendo poco atractivos para la publicidad. Simplemente sabemos menos de ellos y son menos accesibles.

 

Nos movemos menos:

Por otra parte la OMS observa “una tendencia a la disminución de la actividad física debido al aumento de la naturaleza sedentaria de muchas actividades recreativas, el cambio de los modos de transporte y la creciente urbanización”

Trabajamos sentados, utilizamos transporte, caminamos menos, las actividades cotidianas se automatizan en pos de la comodidad y reducción del tiempo empleado. 

Estamos más cómodos y también más gordos. En la cotidianeidad, cada vez necesitamos gastar menos calorías y por eso es urgente hallar el modo de movernos.

Incluso las actividades recreativas y los entretenimientos infantiles están conectados a una pantalla.

El mundo ha avanzado para darnos comodidad y para que perdamos menos tiempo en actividades que no nos suman. Aun así, nos presenta un gran desafío a la hora de tomar decisiones respecto de nuestra salud.

Estamos educados y super estimulados para comer mal y mucho. Comer mal y mucho es accesible, barato y variado mientras que las opciones de comida saludable no han evolucionado en ese sentido.

Por esto se hace preciso el empoderamiento, la conciencia y la comprensión de que tu cuerpo es el contenedor de tu vida. Sin cuerpo no hay vida y no podés permitir que la publicidad y la industria chatarra te quite años y calidad de vida.

Es una enorme responsabilidad individual pero como lo venimos diciendo, una epidemia es un problema social que debe resolverse en esos términos.

 

 

Medidas que toman algunos países para favorecer la salud de sus ciudadanos:

  • Control del consumo de sodio: la sal incrementa el apetito. Cuanto menos regulación exista sobre esto, más libre es la industria alimentaria para fabricar alimentos más adictivos.
  • Impuestos a alimentos poco saludables: alimentos con exceso de contenido de azúcar por ejemplo.
  • Control de precios que favorezcan el consumo de alimentos saludables. Es caro comprar frutas y barato comprar azúcar ultra procesada.
  • Restricciones al marketing que nos vende placer y nos quita salud.
  • Promoción integral de la salud: mantener un peso adecuado es una cuestión de hábitos que inicia en lo más profundo de nuestra mente. Educar para la salud es un pilar indispensable.

 

El mundo no te está ayudando. Por eso te tendemos la mano para hacer que este proceso que has emprendido para recuperar calidad de vida no lo transites solo.

¿Has sentido que lo que el mundo te ofrece hace menos llevadero tu proceso de cambio de hábitos? Dejanos tus comentarios.

Recuperar la vida que la obesidad te está quitando

Muchos piensan que estás gordo porque comés mucho y gastás poco. No saben cómo te sentís, porque lo hacés ni de tus esfuerzos para controlar esa ansiedad que te ataca y solo se quita con comida. 

Lo cierto es que ingerir más calorías de las que gastás es solo la punta del iceberg de un problema físico, emocional y sociocultural que únicamente puede resolverse con un abordaje integral.

La OMS define al sobrepeso y la obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa.

El primer indicador para saber si tenés sobrepeso u obesidad, aunque no el único, es el índice de masa corporal (IMC).

El IMC se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2). 

Es un indicador válido para los adultos de ambos sexos. 

Si tu IMC es igual o superior a 25 tenés sobrepeso. Si es igual o mayor a 30, se trata de obesidad. En ambos casos, es urgente acudir a un equipo profesional que te ayude a identificar tu problema y tratarlo.

La obesidad, mucho más que un problema estético

Muchas veces cuando nos proponemos bajar de peso lo hacemos por motivos estéticos o celebración de acontecimientos puntuales. Tener unos “kilitos“ de más no es un gran problema para la salud, pero abandonarnos poco a poco hasta llegar a tener un sobrepeso u obesidad sí puede empezar a dar motivos para preocuparnos.

Según las últimas cifras de la OMS, desde 1980, la obesidad se ha más que doblado en todo el mundo. Se dice que 1 de cada 10 personas en el mundo tiene obesidad y además, cada año mueren como mínimo 2,8 millones de personas a causa de este problema. Datos más que preocupantes.